Es lamentable que una persona adulta sea víctima de un accidente de tránsito, pero es imperdonable que un niño, o una niña sufra toda la vida su secuela.
Miriam García Mendoza tiene 44 años de edad y...
“Mi madre iba a cruzar la calle conmigo (yo tenía dos años) cuando un carro a toda velocidad subió a la acera. Como consecuencia de ese hecho tan terrible, perdí las dos piernas”.