Reynaldo cuenta su historia



Con su mirada llena de madurez pero con un acogedor sentido de la vida para disfrutar del chiste me dice: “ Yo no esperé los nueve meses para conocer el mundo, soy tan intranquilo que a los 6 meses y medio ya estaba aquí.”


Tengo ante mí a este joven que desde niño lo veía asistir a la escuela todos los días,  a pesar de los “retos que la vida le impuso” pero con el transcurso del tiempo lo perdí de vista, por suerte lo volví a encontrar para que  el mismo cuente su historia a mis lectores

“Me llamo Reynaldo Martín Acosta Bernal, tengo 44 años y radico aquí en la ciudad en la calle Honda no. 268.

“Cuando nací, ese adelantamiento del tiempo antes de los nueve meses, me costó que los tendondes no tuvieran desarrollo, estaban débiles y no permitían la suficiente fortaleza en mis piernas. No podía caminar.

“Por supuesto, se imponían las operaciones. A los tres años de edad recibí la primera, y empecé a caminar con la punta de los pies; luego tres más. Estas cuatro fueron en el hospital “Frank País” de La Habana y tengo que decir que siempre le agradeceré al doctor Rodrigo Álvarez Cambra, así como a nuestro sistema de Salud, el poder caminar, con dificultades pero camino.

“En total fueron ocho las intervenciones quirúrgicas a las que me sometí, las otras cuatro fueron aquí en Camagüey con médicos a los que agradezco también su aporte a mi persona.

“Para poder trasladarme como lo hago me intervinieron en la cadera, en la ingle, en la rodilla y el talón de Aquiles.

“Te imaginas cuánto me hubieran costado tantas operaciones si no existiera nuestro sistema de salud, y si yo viviera en un país que no fuera nuestra Cuba, ahora estuviera postrado en una cama por ser negro y discapacitado”

-Háblame de cómo fueron tus estudios y luego tu incorporación a la vida laboral

-Realicé mis estudios como cualquier niño y después como un joven hasta graduarme en la enseñanza media superior como técnico en mantenimiento eléctrico industrial.

“Comencé mi vida laboral en el sector azucarero en la parte del transporte donde estuve más de 15 años, y en el 2006 cuando esa industria fue sujeta a transformaciones, en el país, me acogí al sistema de estudios que ofrecieron a los trabajadores.

“Como me gusta mucho la informática, aproveché y la estudié en esa oportunidad  y en el 2008 empecé a trabajar como informático aquí en la Dirección Provincial de la Cruz Roja donde me siento muy bien, con compañeros muy solidarios”.

-No quisimos dejar de conversar con dos compañeras de trabajo de Reynaldo porque en el transcurso de la conversación pude apreciar las relaciones tan amistosas y de compañerismo que mostraban hacia él.

“Mi nombre es Isabel Peláez, soy del departamento de Recursos Humanos y te digo que Reynaldo es un amor de persona, es como un pan dulce, creo que todo lo que diga de él es poco y aquí todos los trabajadores lo queremos”.

“Yo también soy compañera de trabajo y mi nombre es Minerva Sin Torres, lo único que voy a opinar es lo mismo que dijo Isabel porque es lo que pensamos todos y eso da la medida de la nobleza de este muchacho”.

-¿Y tu familia?

-Siempre me ha dado su apoyo, mi madre cuando vivía me ayudó a formarme para enfrentar la vida y mis hermanos, ahora, cooperan mucho conmigo.

“Voy a contarte una anécdota sobre mi mamá. Ella no me permitía malacrianzas y si tenía que castigarme lo hacia con justicia y si yo tenía que ayudar en las tareas de la casa, lo hacía también porque siempre pensaba en el futuro, cuando ella no estuviera y yo tuviera que continuar el camino. Y todo esa confianza en mi mismo que me creó mi madre me ha ayudado mucho”.

-¿Qué opinas de la ACLIFIM?

-Es una organización que nos atiende y creo que esto es bueno porque a través de este medio nos conocemos, intercambiamos y si necesitamos algún recurso material y está al alcance de la asociación pues podemos contar con ello.

“Pero lo más importante es que contribuye a que las personas discapacitadas se incorporen a la sociedad, que se sientan útiles, porque es parte de la felicidad y la independencia del individuo”.

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